6 dic. 2010

EL CHACAL DE NAHUELTORO- Jorge del Carmen Valenzuela Torres

Jorge del Carmen Valenzuela Torres (1922 -1963), tambien conocido como José del Carmen Valenzuela Torres, “El Campano”, “La Trucha”, “El Canaca”, “El Chacal de Nahueltoro”, fue un campesino chileno, conocido por ser autor de uno de los asesinatos más recordados en nuestro país.
La infancia y juventud del “Canaca” fueron un ir y venir de excesos, abandono, trabajos efimeros y ninguna educación formal. Asi, debido a su despido en un trabajo en el cercano pueblo de Cachapoal, decide ir en búsqueda de trabajo a Coihueco, pero en una noche se queda en la casa de una familia de Nahueltoro, pueblo de paso. Allí se enamora de Rosa Rivas, una mujer de 38 años, cocinera del fundo Moticura, viuda y madre de cinco hijos pequeños. Dado que al patrón del fundo le desagradó que la mujer se emparejara con Valenzuela debido a su condición de alcohólico, la echa del fundo. La mujer decide irse junto a Valenzuela.
La tarde del 20 de agosto de 1960, Valenzuela estaba borracho y ansioso de que regresara pronto de San Carlos su conviviente, Rosa Rivas, quien había viajado a cobrar la pensión de viudez. Cuando ella vuelve se traban en una discusión debido a que no había podido cobrar su pensión por problemas burocráticos. Frustrado por carecer de dinero para seguir bebiendo, Valenzuela se hace de una guadaña con la que asesina a la mujer. Los hijos de ella fueron muertos uno por uno por Valenzuela en circunstancias que aún no están del todo clarificadas, aunque se sabe que una de las hijas de Rivas fue ahorcada por Valenzuela con sus propias manos, y que el bebé de la familia fue pisoteado por el Chacal provocándole la muerte.Luego de los asesinatos, Valenzuela huye del lugar, no sin antes cubrir con piedras los cadáveres de sus víctimas.
Pasados algunos días del hecho, el dueño del Fundo Chacayal, encontró los cuerpos de las seis víctimas y avisó a la policía. Un mes después, carabineros arrestan al "Chacal" en una ramada, donde se encontraba borracho. Tras 32 meses en la cárcel de Chillán fue sentenciado a muerte y, consecuentemente, fusilado por un pelotón de Gendarmería de Chile. El crimen de Jorge del Carmen es considerado uno de los hechos emblemáticos de la crónica roja chilena.
En torno a la condena de Valenzuela a la pena capital, se desarrolla una fuerte controversia debido a la paradoja que constituía para la sociedad chilena el que se rehabilitara al Chacal si de todos modos se le iba a dar muerte. Eloy Parra, sacerdote católico que acompañó a Valenzuela hasta su muerte fue un férreo defensor del Chacal y pidió activamente su indulto, sin resultado, al entonces Presidente de Chile, Jorge Alessandri. Antes de su muerte, Valenzuela había abrazado la religión católica, había aprendido el oficio de hacer guitarras y se había arrepentido de sus crímenes, alegando que en el fondo, dada su condición precaria, nunca contó con las herramientas necesarias para tener conciencia de sus actos. En esta línea es célebre su frase de que nunca recibió "enducación de naiden" (sic). Paradójicamente, una placa instalada en el arco de entrada de la Cárcel de Chillan que acogió a Valenzuela hasta su muerte reza el siguiente lema: “Sean estas cuatro murallas manantial de reforma y fe”.
Debido a la polémica desatada por este hecho, y por la película posterior (dirigida por Miguel Littin) inspirada en el crimen y rehabilitación de Valenzuela, el Chacal se volvió tan popular que se generó un culto en torno a su figura, el cual tiene como eje central a la tumba de Valenzuela, en el cementerio de San Carlos, donde se realizan romerías los días 1 de noviembre (Día de Todos los Santos). Frecuentemente, gente de todo tipo hacen rogativas y petitorios a Jorge del Carmen a la usanza de los santos del catolicismo. Antes de que existieran las poleras de San Expedito o San Alberto Hurtado, “El Chacal de Nahueltoro” ya encendía el fervor masivo en la zona por tratarse de un bruto inhumano que -bajo los efectos del alcohol- asesinó a una madre y sus cinco hijos, y tras eso alcanzó la redención en la cárcel, silabario en mano. Sólo entonces, conociendo la real dimensión de la muerte y estuvo en condiciones de recibir seis tiros en el corazón.
Sobre “el chacal” se han hecho películas, documentales, libros. Hace poco tiempo la PDI desclasificó los hechos de violencia más emblemáticos del país y uno de ellos fue el crimen de Valenzuela, la historia de horror del campesino analfabeto, reformado por el sistema, transformado en persona humana, en uno de los pocos ejemplos de redención que el sistema carcelario puede darse. La sociedad al final decidió que el reformado sea culpable y asesinado.
¿Justicia o injusticia? El respetable público de biografías pop lo dirá.






3 comentarios:

SANDRO VASQUEZ dijo...

yo creo que lo k hicieron con el fue malisimo por k lo educaron para asesinarlo ademas no se preocuparon por buscar familiares k aun estan vivos en la comuna de san clemente vivia su hermana y hasta hoy sus sobrinos y muchos familiares , pero lo mas emblematico para el gobierno de turno es k este asesino k ellos consideraban muy peligroso era el ejecutado numero 50 y no podian hechar pie atras a pesar de lo k se habia logrado con el la educacion pero lo mas importante es que el no sabia lo k habia hecho ya sea por la injusticia k aun permanece ya sea el gobierno de turno k este .y para k vamos a hablar de lo k ocurre asta estos tiempos al final es solo un comentario k hago como un mortal mas me despido atentamente SANDRO VASQUEZ NUN;EZ

Jorge Díaz dijo...

La sociedad de esa época condenó uno de los crímenes emblemáticos de la historia de Chile, sin embargo se preocupó de educarlo y redimirlo como ser.A una persona que no había conocido más que el abandono y la marginalidad. En el fondo ese el gran contrasentido. Valenzuela Torres, se transforma así de ser un victimario a ser una doble víctima de una sociedad implacable que no permite la reinserción social.

ted dijo...

Nuestra sociedad aun sigue engendrando chacales.Los gobiernos prefieren cuidar De las grandes corporaciones, pero descuida a la gente pobre que no tiene otra alternativa que vagar en las penumbras De la marginalidad.