17 de feb. de 2011

JAYNE MANSFIELD- La trágica historia de un icono sexual

Si hubo una época dorada en las cumbres de Hollywood fueron los cincuenta, donde el glamour reinaba entre sus celebridades, todas muy bellas y con carreras que se iniciaban entre laureles de éxito. Sin embargo, como toda belleza tras una profunda contemplación, ese sueño dorado tenía un reverso oscuro y perverso. Son muchas las leyendas negras que se crearon en aquel momento en la industria del cine, algunas rocambolescas y otras son producto de enigmáticas muertes. Jayne Mansfield es, seguramente, junto a Marilyn Monroe los mayores ejemplos para esta afirmación.

Vera Jayne Palmer (1933 —1967), más conocida como Jayne Mansfield, fue una actriz estadounidense de teatro y cine. Rubia platino al igual que Marilyn Monroe, Mansfield fue asimismo Playmate de la revista Playboy, en febrero de 1955, aunque siguió apareciendo en dicha revista a lo largo de los años. Obtuvo varios premios al protagonizar algunos filmes de gran popularidad en su momento. En ellos siempre quedaban recalcados su cabello platino, su figura rotunda y su prominente busto (sus medidas eran 102-56-89).

Su vida estuvo marcada por la tragedia desde su inicio, su padre falleció cuando ella sólo tenía tres años y lo hizo curiosamente conduciendo. Su madre no tardó en volverse a casar y se mudaron a Dallas, donde a la joven comenzó a entrarle el gusanillo de la interpretación y comenzó a realizar cursos en la escuela.

Jayne se casó con apenas 16 años y fue madre ese mismo año de un niño, lo cuál la separó un poco de su sueño por actuar. Fue cuatro años más tarde cuando la joven se muda a Los Ángeles en busca de su sueño, seguida de su complaciente marido y su hijo pequeño.

Vestida con un look más que similar al de Marilyn Monroe, Jayne comienza a hacerse un nombre a través de ganar certámenes de belleza que hacen que la rubia explosiva vaya haciéndose con pequeños papeles. Se hizo un pequeño hueco en el género de la comedia, pero su carrera no acababa de despegar del todo, ya que los directores focalizaban todo su interés por ella en sus atributos físicos y hay quien cruelmente la calificaba como “la fotocopia vulgar de la Monroe”.

En total, la actriz estuvo casada tres veces y tuvo cinco hijos. Se le atribuyen, además, numerosos romances, por ejemplo con los políticos Robert F. Kennedy y John F. Kennedy (a quien también se le asocia a Marilyn Monroe) y el mismísimo Elvis Presley.

La joven parecía no encontrar su sitio, las propuestas de películas eran cada vez peores y su vida sentimental había sido continuamente un vaivén de sentimientos y personas. Su carrera cinematográfica comprende generalmente títulos mediocres, que utilizaron su exuberante y descomunal silueta de forma entre insinuante y burlesca. En este sentido las películas "The girl can't help it" y "Una mujer de cuidado", resultan ejemplares. Con los años sesenta su estrella comienza a languidecer y Jayne Mansfield opta por alternar películas muy mediocres con intervenciones televisivas y shows teatrales.

Se cuenta que Mansfield cubría esa pena a base de asistir a todas las fiestas a las que Hollywood le abría las puertas, donde se pudo codear con grandes celebridades de la época y algunas amistades nada recomendables. Fue en una de esas fiestas, donde la joven conoció a Antón LaVey, el Papa Negro de Hollywood y fundador de su satánica iglesia. Este oscuro personaje ya se había obsesionado antes con la rubia Marilyn Monroe y supo persuadirla hasta acabar conseguir compartir cama con ella.


Curiosamente, Jayne sentía una oscura fascinación por este enfermizo personaje que proclamaba su amor a Satán y su fama de poderoso mago. Anton LeVey le pidió a la joven que se vistiese igual que Marilyn, posara como ella y se desnudara de la misma manera y con la misma rapidez. Jayne fue tentada y lo hizo pese a que en aquel momento estaba iniciando una nueva relación.

Cuando el joven novio de Jayne, Sam Brody, se enteró de la vinculación de la actriz con la Iglesia de Satán entró en cólera y decidió presentarse en el despacho de LeVey, amenazándole que iba a romperle todos sus huesos si no dejaba de tener contacto con Jayne. LeVey, con su tenebrosa mirada, miró al joven y le maldijo, auguró una cercana muerte para él y su guapa Jayne Mansfield.

Tras aquella declarada maldición satánica por parte del Papa Negro, las desgracias se agolparon alrededor de la joven actriz. En un plazo de un escaso mes, a Jayne le robaron las joyas durante una visita a Japón, fue acusada de evasión de impuestos por el Gobierno de Venezuela, uno de sus hijos fue atacado por un león en un zoológico y poco después tuvo lugar el clímax de la terrible maldición, la fatídica noche en la que Jayne Mansfield perdió la vida decapitada, a la temprana edad de 34 años. El 28 de junio de 1967, Matt Brody y Mansfield salían disparados por el parabrisas de su descapotable al tomar la curva cerrada de una enfangada carretera a más de 130.

Cuando Anton LeVey recibió la terrible noticia, acababa de recortar el anuncio del perfume Channel nº5 de su desaparecida amiga y se fijó que curiosamente en el reverso de dicha hoja aparecía una foto de la fallecida pareja tomada la noche anterior y que, al recortar el anuncio, las tijeras habían decapitado la cabeza de la joven de la misma manera que acababa de suceder. 

 Si bien su carrera fue corta, Mansfield obtuvo grandes éxitos de taquilla. Además de sus apariciones en televisión, publicidad, revistas y obviamente su carrera en teatro y cine, también obtuvo grandes ganancias con sus giras por los night clubs de toda Norteamérica. Su figura es recordada y con los años se ha transformado en un icono pop y uno de los símbolos sexuales más poderosos en la historia de Hollywood.