17 mar. 2011

SALVADOR DALÍ - "El surrealismo soy yo"

Salvador Dalí decidió en su adolescencia que sería "un gran genio"; y no se equivocó. Y es que sin duda, Dalí está considerado como uno de los artistas más importantes de la historia. 

Salvador Dalí fue un pintor catalán, uno de los máximos exponentes  del surrealismo y conocido por sus impactantes y oníricas imágenes surrealistas. Desarrolló su genio en multitud de facetas: dibujo, pintura, grabado, cine, orfebrería y decoración. Su obra y su imagen personal se han transformado en verdaderos iconos.

Salvador Dalí nació el 11 de mayo de 1904. El hermano mayor de Dalí, también llamado Salvador, había muerto unos nueve meses antes, por lo que decidieron ponerle el mismo nombre. Cuando Dalí tenía sólo cinco años, sus padres le llevaron a la tumba de su hermano y le dijeron que él era su reencarnación, una idea que él llegó a creer. Esto marcó mucho al artista posteriormente, quien llegó a tener una crisis de personalidad, al creer que él era la copia de su hermano muerto.

Como artista su precocidad fue sorprendente: A los diez años ya dibujaba y pintaba con mucha regularidad, sobre todo retratos de miembros de su familia y paisajes. A los doce descubre el estilo de los impresionistas franceses y se hace impresionista, a los catorce ya ha trabado conocimiento con el arte de Picasso y se ha hecho cubista y a los quince se ha convertido en editor de la revista Studium.

En 1919 abandona su Cataluña natal y se traslada a Madrid, ingresa en la Academia de Bellas Artes y se hace amigo del futuro cineasta surrealista Luis Buñuel y del poeta Federico García Lorca, el poeta español más influyente del siglo XX. Con Buñuel lleva a cabo varios proyectos, destacando la creación de Un perro andaluz (1929), un cortometraje célebre que se estudia en cualquier curso de cine que se precie de tal. 

Con García Lorca las cosas fueron mucho más allà, pues vivieron un verdadero romance, aunque no hay claridad acerca de si fue algo platónico o si llegó a lo carnal.

 
Como artista extremadamente imaginativo, Dalí manifestó desde aquellos años una notable tendencia al narcisismo y la megalomanía. Llegó a emitir declaraciones como «cada mañana, al levantarme, experimento un supremo placer: ser Salvador Dalí»; “El surrealismo soy yo” y “Salvador es inmortal, nunca morirá”. Sus conductas megalomaniacas le provocaron ser odiado por muchos al considerarlo un tipo tremendamente arrogante, etiqueta que ciertamente no le venía nada de mal. 

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Dalí fue expulsado de la Academia en 1926, poco antes de sus exámenes finales, por afirmar que no había nadie en ella que fuera digno de examinarle. Ese mismo año, visitó París por primera vez, pero es al año siguiente cuando se instala en la capital francesa y se une al grupo surrealista que lidera el poeta André Breton. Este último terminará expulsándolo del movimiento algunos años después, en una memorable sesión de enjuiciamiento a la que Dalí compareció cubierto con una manta y con un termómetro en la boca. 

La triple acusación a la que tuvo entonces que enfrentarse Dalí fue: coquetear con los fascismos, hacer gala de un catolicismo delirante y sentir una pasión desmedida e irrefrenable por el dinero, acusación que lejos de desagradar al pintor le proporcionaba un secreto e irónico placer. De hecho, después de conocer a la que sería su musa y compañera durante toda su vida, Gala, Dalí declaró románticamente: "Amo a Gala más que a mi madre, más que a mi padre, más que a Picasso y más, incluso, que al dinero." 

Salvador se enamoró de Gala en el verano de 1929. Es la época en que pinta Adecuación del deseo, Placeres iluminados y El gran masturbador. Mientras tiene lugar una exposición de sus obras en la Galería Goemans de París, la joven y apasionada pareja se refugia y aísla en la Costa Azul, pasando los días y las noches encerrados en una pequeña habitación de un hotel con los postigos cerrados. 

Enterado el padre de Salvador de la vida disoluta de su hijo junto a Gala, rompe relaciones con él. Posteriormente, Dalí describió cómo en el curso de este episodio le presentó a su padre un preservativo usado conteniendo su propio esperma, con las palabras: «Toma. ¡Ya no te debo nada!». El verano siguiente, Dalí y Gala alquilaron la pequeña cabaña de un pescador en una bahía cerca de Portlligat. Compró el terreno, y a lo largo de los años fue ampliándola hasta convertirla en su fastuosa villa junto al mar, hoy reconvertida en casa-museo. 

Posteriormente, Dalí y Gala pasarán algunos años en Nueva York, años en que más que sentirse apartado del grupo de los surrealistas, se siente el único, el mejor (“el surrealismo soy yo” dijo). Por entonces estalla la Guerra Civil en su España natal, donde, entre muchoas otras consecuencias para su vida personal, fusilan a su amigo Federico García Lorca, noticia que afectaría mucho a Dalí.

A España regresó en 1948, fijando su residencia de nuevo en Port-Lligat y hallando en el régimen del general Franco toda suerte de facilidades. El gobierno incluso declaró aquel rincón catalán que tanto fascinaba al pintor "Paraje pintoresco de interés nacional". En vida del artista incluso se fundó un Museo Dalí en Figueras; ese escenográfico, abigarrado y extraño monumento a su proverbial egolatría es uno de los museos más visitados de España. 

En 1980 la salud de Dalí se deterioró seriamente. Con su mujer, Gala —que ya manifestaba síntomas de senilidad—, supuestamente consumió un cóctel de fármacos que dañó seriamente su sistema nervioso, con la consecuencia de incapacitarle prácticamente para la creación artística. Con 76 años, el estado de Dalí era lamentable, y su mano sufría constantes temblores que evidenciaban el progreso de la enfermedad de Parkinson. 

Gala murió en 1982. Tras su muerte, Dalí perdió su entusiasmo por vivir. Deliberadamente, se deshidrató seriamente, aunque justificó su acción como un método de entrar en un estado de animación suspendida. En 1984 un incendio de causas desconocidas se declaró en su dormitorio. De nuevo se sospechó de un intento de suicidio. 

En noviembre de 1988 Dalí fue ingresado a raíz de un serio fallo cardíaco, y el 5 de diciembre de 1988 fue visitado por el rey Juan Carlos I, quien le confesó que siempre había sido un fiel admirador de su obra.

El 23 de enero de 1989, oyendo su disco favorito —Tristán e Isolda, de Richard Wagner— murió a causa de una parada cardiorrespiratoria en Figueras, con 84 años, y cerrando el círculo fue enterrado en la cripta de Figueras, situada en su casa-museo. 



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