Adolfo de Jesús Constanzo (1962 – 1989) Pocas veces se pueden encontrar combinaciones tan escalofriantes y macabras en la vida de una persona. Adolfo era una de ellas, narcotraficante y líder de una secta ocultista, Adolfo se hizo tristemente celebre por ser uno de los más sanguinario asesino en serio de la década de los 80s llegando a ser conocido como el “Narcosatánico de Matamoros”.
Adolfo nació en Miami, Florida cuando su madre, Delia González, tenía apenas 15 años. Ella era una inmigrante cubana que tuvo dos hijos más con padres diferentes. Cuando enviudó de su primer esposo se mudó a San Juan en Puerto Rico para rehacer su vida. En San Juan, Adolfo fue bautizado por el catolicismo y llegó ser hasta monaguillo en su iglesia. Sin embargo, su madre lo influenció en las practicas ocultistas del “Palo Mayombe” un culto proveniente del Congo en África y llevado a la isla cubana por los primeros esclavos – Este culto hacía mención a un completo panteón de dioses a los cuales se le debía respeto y tributo, a cambio los dioses ofrecían protección y salud.
La madre de Adolfo creía que su hijo tenía dotes psíquicos ya que supuestamente habría predicho el intento de asesinado de Ronald Reagan en 1981. Lo cierto es que Adolfo no fue un gran niño en la escuela y si bien terminó la secundaría, fue expulsado del Bachillerato. Después de haber sido detenido y arrestado en diversas oportunidades por robos menores Adolfo conoce a un sacerdote del Palo Mayombe quien le enseñaría lo necesario para convertirse en un estafador profesional, un líder espiritual y por sobre todo en un hábil narcotraficante.
A comienzos de los 80s Constanzo comienza a vender sus servicios como mayombero en Miami, trasladándose posteriormente a México en 1984 donde tiene un gran éxito con sus trabajos de magia negra. Su excelente reputación entre las altas esferas le sería debida a los poderes mágicos que le eran atribuidos, al misterio que continuamente le rodeaba y a su carismática personalidad.
Los rituales de purificación o limpias (ceremonias para limpiar malas energías negativas) y de protección, le proporcionan de ocho mil a cuarenta mil dólares entre sus clientes, la mayoría, importantes personalidades americanas.
Ávido por obtener más poder comienza a efectuar sacrificios en sus rituales, para dar mayor sensacionalismo y espectáculo, siempre ayudado por una joven divorciada que se convertiría en su musa y amante, la estudiante norteamericana de veinticuatro años Sara Aldrete Villarreal.
Sara se convierte en gran sacerdotisa del culto y participa activamente en todas las sangrientas ceremonias, además de reclutar a nuevos miembros y explicarles las actividades de la secta.
Adolfo convence a los demás adeptos que serán completamente invulnerables a las balas y que tendrán el poder de hacerse invisibles si siguen al pie de la letra sus instrucciones: confeccionar una ganga o caldero mágico con unos ingredientes especiales, además de secretos, en los ritos de Palo Mayombe, como son la sangre y algunos miembros humanos mutilados, preferentemente cerebros de criminales o locos, a ser posible de hombres de raza blanca, pues supuestamente éstos son más influenciables por el verdugo (para el asesino la tortura a la víctima es un factor muy importante, pues el alma de la víctima debe aprender a temer a su verdugo por toda la eternidad con el fin de hallarse para siempre sujeta a él).
El rito termina cuando los participantes beben la sopa del caldero formada con la sangre de la víctima, su cerebro y los demás elementos que completan la siniestra ganga... lo cual les dará todo el poder que los criminales deseen.
Asentado en la localidad fronteriza de Matamoros, en el Rancho de Santa Elena, Adolfo lideró el tráfico de marihuana hacía Estados Unidos moviendo alrededor de una tonelada semanal. Sin embargo, todo se complicó para Adolfo y sus seguidores cuando escogieron para su ritual al hombre equivocado.
En 1989 un turista norteamericano desapareció misteriosamente en la localidad de Matamoros. El joven Mark Kilroy, de inmediato las autoridades locales y la policía de Texas comenzaron la investigación dando casi de casualidad con el culto de Constanzo (investigado por drogas) al arrestar a algunos miembros de la secta, estos revelaron a las autoridades que habían asesinado Kilroy y que él no era el único. De esta manera la policía se preparó para entrar al rancho de Adolfo.
Un gran despliegue policial allana el rancho, en él se descubren los restos de Kilroy a quien le habían extirpado el cerebro y amputado ambas piernas. Kilroy estaba en una fosa común con los restos de los otros 12 hombres asesinados por la secta de Adolfo.
El 6 de Mayo de 1989 y después de un intenso tiroteo con la policía, los secuaces de Adolfo son detenidos - al verse acorralado Adolfo le pide a uno de sus seguidores Martín Quintana que le dispare, posteriormente Quintana se quitaría la vida también. Sara también es detenida, sin embargo ella se declaró inocente y una victima de Adolfo. Según su declaración ella llevaba una doble vida, una en donde era la chica normal y alegre con su familia y amigos, y otra con Adolfo, donde llegó a torturar y matar por su líder. La policía la considera una cómplice y es sentenciada a más de 600 años de prisión. La historia de Sara inspiró la película de Alex de la Iglesia “Perdita Durango”


